Me levanto pegajoso, incluso después de un baño matutino, el calor no disminuye. De camino al trabajo, el viaje en la guagua me parece eterno, por las ventanillas apenas entra una leve brisa. En la oficina las gotas de sudor recorren mi espalda, mi cuello se enrojece, mis antebrazos se encharcan. Después de las nueve o diez de la mañana no me queda otro remedio que cerrar las ventanas, de lo contrario no veo el monitor. El ventilador echa aire caliente, el ambiente se vuelve denso, ya ni siento oxígeno. Los viajes al baño son tortuosos, cuando vuelvo a mi buró me lleva varios minutos volver a sentirme algo tranquilo, como estaba antes. El teclado se vuelve pegajoso, la mesa se moja cuando intento atrapar el mouse. La vista se me nubla por momentos, creo que el número de mis neuronas va decreciendo a diario. Me cuesta respirar, el ventilador no se siente, no me animo a tirar una línea de código, mi plan de trabajo crece imparablemente. Revivo pasajes de mi infancia, aparece el salpullido. Las gotas de sudor siguen cayendo, ya a las tres de la tarde no solo recorren mi espalda, tambien el pecho, la cara, los brazos, las nalgas, las piernas, incluso las medias me las siento húmedas. Cuando llegan las cinco solo pienso en mi ducha, en el dolor de cervical por no saber como sentarme y no sentir calor, en mi cama, en mi ducha de nuevo.
Uffff…… maldito verano cubano! Ansío desempaquetar mi bufanda!