El mejor momento que una mujer pueda esperar, o al menos uno de los mejores; un momento también bien esperado y pensado por muchos hombres.
Ese día se piensa y se planifica cada detalle, se espera siempre por el momento preciso, el lugar, la conversación, el estado anímico. Se preconcibe un diálogo de introducción que nunca se lleva a cabo.
Pero siempre, por mucho que se planifique el momento, por muchas estrategias que se tracen, por mucho esmero, dedicación, sentimiento e ideas innovadoras que se destinen a la confección de la joya, el momento se resumen siempre a lo mismo.
Una entrega que impacta pero nunca como esperábamos, un tartamudeo apenas entendible. A veces la joya no era la esperada por la otra parte, y la decepción, de cierta forma, se apodera del momento. A veces, y simplemente a veces, algunos quieren repetir el momento, hacerlo de una mejor manera en la que ambos salgan complacidos, en la que este momento sea el idealizado por los dos, el planificado desde muchos meses pero con mejores resultados y del que podamos recordar alguna otra parte que el defectuoso anillo, y el profundo y sentido “Te quieres casar conmigo?”.
Proposición
2012/01/04
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